Un alumno desmotivado

Un alumno desmotivado se encuentra en el centro del huracán para instalarse en una situación conflictiva, con gran probabilidad de que la situación se prolongue en el tiempo y el aprendizaje se vea muy deteriorado. La desmotivación puede proceder de él mismo o de sus profesores. De cualquier manera, la desmotivación del niño acaba provocando la de sus profesores. Una vez que este círculo vicioso se ha cerrado, se han sentado las bases para que ambos se posicionen de manera resignada en esa desmotivación (Polaino-Lorente, 1998).

 

Sin embargo un profesor que motiva a sus alumnos al aprendizaje, a través de técnicas, ayuda, fortaleciendo sus propias herramientas, refuerzo positivo, etc., entre otras cosas está actuando como un factor muy poderoso para prevenir la depresión infantil y otros problemas futuros del alumno. Se ha comprobado que cuando un niño está motivado, se aumenta en él su sentimiento de valía personal, se robustece su seguridad, aumentan las expectativas existentes en su horizonte académico y se contribuye a que se forme un autoconcepto mejor fundado y más esperanzado y valioso.

 

Como dice Polaino-Lorente, 1998, aprender a aprender es hoy en día una tarea no solo conveniente, sino urgente y necesaria. No solo basta con enseñar los contenidos que corresponde por edad, sino que es necesario enseñar como se puede aprender mejor y más fácilmente, de forma que el alumno se sienta implicado, adquiera pautas y hábitos de comportamiento, de manera que en el futuro le sirva de base para resolver de manera eficaz los problemas que se le vayan presentando. Además este sistema de enseñanza, les ayuda a los alumnos a ser más autónomos y más libres con respecto a sus profesores.

 

Tolerar la tolerancia frente a la frustración que acompaña necesariamente todo aprendizaje, forzosamente ha de disminuir algunos de los riesgos que todo aprendizaje conlleva. Cuando se tolera mejor la frustración tanto más se capacita al sujeto para aprender mejor. Pero lo más importante es que esto no se limita al simple rendimiento académico, sino que se extiende a otras pautas de conducta, de forma que el alumno aprenderá a relativizar, a no hacer absoluto lo que es específicamente relativo en el trabajo, a tolerar la demora en las gratificaciones, y aprenderá, entre otras cosas, a desenvolverse mejor en el vasto y ambiguo universo estimular actual. Aprender a tolerar la frustración puede ser una buena meta en la que el alumno lejos de deprimirse ante sus fracasos, aprenderá a sacar experiencias de ellos, optimizando así su comportamiento futuro.

 

Es evidente la labor tan importante y de tanta responsabilidad que llevan a cabo los profesores, que junto con los padres son los arquitectos de los adultos del futuro.

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