Alternativas al castigo en la infancia

Ser padres conlleva enfrentarse a una dura tarea: educar a los hijos. Esto requiere una gran dosis de paciencia, ya que los niños no tienen aun asimilados comportamientos sociales básicos, debido a la inmadurez de su cerebro.

En la actualidad se sabe que cuando un niño se porta mal, es porque se siente mal, independientemente de que nosotros como adultos no vayamos más allá de su comportamiento, sin preguntarnos qué lo está causando.

Podemos encontrar un ejemplo cuando se lleva a un niño de cinco años de compras…, en este caso, no sería raro que el pequeño comenzara a correr por los pasillos del comercio, coger objetos de las estanterías para explorar…., alterando nuestra concentración en nuestro entretenimiento, mientras compramos. En este caso lo que nos saldría es algo así como “si no dejas de correr, esta noche no verás los dibujos, como vuelvas a coger eso no vamos al parque esta tarde…”

En lugar de eso podemos, por ejemplo, pedir colaboración al niño, antes de salir de casa; es decir, decirle lo que esperamos de él: “vamos a ir al centro comercial a comprar…., y me gustaría que no corrieses…., porque si lo haces vamos a tardar más tiempo…, y si tardamos poco, nos vamos a jugar un ratito la parque…”. De ese modo, el niño ya sabe lo que queremos que haga y la consecuencia positiva que tiene el comportamiento que le estamos pidiendo.

Además puede ser bueno implicar al niño en lo que estamos haciendo. No olvidemos que para él no debe ser muy divertido ir de compras…, podríamos utilizar durante el proceso preguntas o comentarios para implicarle, por ejemplo: “¿Me ayudas a elegir la leche para el desayuno?”, o “¿Qué te parece si me avisas si el carro va a chocar contra algo?”, o “Vamos a coger manzanas para hacer ese pastel que te gusta tanto, ¿me ayudas a elegirlas?”. Mientras el niño está colaborando con nosotros, no se aburre y por lo tanto, su comportamiento es más tranquilo.

Si esto no funciona, quizás convenga darle otra alternativa, en la que él decida, por ejemplo se le puede decir: “acuérdate de lo que hemos hablado en casa, si corres…, vamos a tardar más y no nos va a dar tiempo a ir al parque, tú decides…”. Esta propuesta es más que el simple “si no dejas de correr no irás al parque…”. El niño ya sabe que puede elegir, la decisión es suya, es parte activa de lo que va a pasar después.

A veces llevar esto a la práctica en el día a día es complicado, porque en la sociedad actual los padres están sometidos a horarios de trabajo agotadores que no les permiten tener esas dosis de paciencia de las que hablábamos al principio…

De todas formas si usted siente que las situación se le va de las manos, o que el diálogo con su hijo se ha convertido en una constante amenaza, quizás sea conveniente consultar con un especialista.

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